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ALVAREZ, MANUEL

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Pintura
1957
Oleo sobre tela
43 x 79 cm


Biografía

Es un destacado artista en el arte argentino contemporáneo. Ha realizado, a lo largo de 50 años, una obra relevante y mágica, con leyes propias. El color, la forma y el vacío entre las formas, con rigor y gran audacia, permiten que las obras transmitan lo esencial en una nueva dimensión.

Empezó a pintar desde chico con una facilidad natural. En una reunión de la Agrupación Impulso, Marcos Tiglio manifestó su deseo de hacer su retrato. En el se reconoció tanto que le pidió trabajar en su taller. Allí realizo naturaleza muerta, paisaje, figura. A principio de los cuarenta salía con Tiglio a pintar La Boca e Isla Maciel sobre cartones preparados a la caseína como en el Renacimiento.

Los fines de semana llevaba algún trabajo a Victorica y enfrentaba las criticas de pintores de la Agrupación Impulso: Lacámera, Quinquela. Se trabajaba, se conversaba, se hacían intercambios, pero la mayoría no vendía nada. Después de cursar la Facultad de Filosofía y Letras hasta 1946, asistió a los cursos de Romero Brestg, -geometría, movimiento de pintores-, y empezó a hacer una pintura mas plana, a preocuparse por el espacio. A raíz de la lectura de San Agustín se interesó por el tiempo y la relación espacio-tiempo. Bergson proponía un tiempo y una organización en movimiento que llamaba durée. El tiempo agustiniano y el tiempo bergsoniano son los conceptos que sigue trabajando hasta ahora. En el 52’ ya era un pintor abstracto, de esa época son los dibujos con tinta hechos a pincel y a mano levantada. En 1954 ganó una beca y vivió dos años en París. La diferencia notable es el cambio en la paleta de colores. En Buenos Aires utilizaba los colores como salen del pomo, puros, mas saturados. En París cambió el material y la técnica. Los colores los preparaba buscando una tonalidad que los organizara. Lo que es blanco, no es blanco puro. Allí Pettoruti le enseño la técnica para preparar los colores como en el Renacimiento –mezclando barniz copal, aguarrás y aceite de lino cocido en distintas proporciones– y lo invitaba a comer para compensar su alimentación en el comedor de estudiantes. A fines de los 50’ conoció a César Jannello. Una vez lo vio preparando algo con puntos, líneas y formas geométricas para los cursos de los futuros tasadores del Banco de Préstamo donde Álvarez trabajaba. Le comentó que necesitaba explicarles la estructura de un cuadro. Cómo se mueven las formas en relación al cuadrado o al rectángulo en que están representadas. Le dijo: “Estás enseñando visión” y lo invitó a trabajar en su cátedra de la Facultad de Arquitectura. Piensa más de lo que realiza. Rompe mucho, de la época figurativa queda muy poco. Bocetos puede hacer toneladas. Luego elige el que le gusta y realiza todos los cálculos para establecer la forma dentro de la sección dorada. En París había podido comprar los tres libros de Matila Ghyka que Paul Valery consideraba que: –“Condensan lo que hay de preciso en la Estética”–, libros que lo acompañaron toda la vida. Pero el origen de su formación rigurosa se la debe a la facultad de Folosofia y Letras, a las clase de griego y latín con Albeza y Fraboschi. Establecida la forma, hace varios bocetos para fijar el color, es lo único que puede modificar una vez que esta pintando. La rigurosidad en el trabajo inicial le permite establecer una armonía determinada y un movimiento que tiene, sin embargo, su inicio en un planteo estático: la sección áurea. La relación de las formas dentro de la sección dorada organiza el movimiento y la lectura del cuadro. Es en la durée bergsoniana donde se establece el movimiento.