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GRILO, SARAH

63
0

Don’t
1979
Técnica mixta
36,5 x 45 cm


Biografía

Nació en Buenos Aires en 1919. Falleció en Madrid el 24 de agosto de 2007. Estudió en el taller de Vicente Puig, un catalán radicado en la Argentina. Su primera exposición individual la presentó en Madrid, en 1949, en la Galería Palma. Las pinturas, aún figurativas, poseían ciertos rasgos cubistas; abundaban los paisajes, los bodegones y las figuras. Pocos años más tarde derivó hacia una versión sensible y cromática de la abstracción geométrica.
El crítico Aldo Pellegrini la invitó, en 1952, para que se integrara a un colectivo de artistas no figurativos (según la denominación de la época) junto con Claudio Girola, Enio Iommi, Alfredo Hlito, Tomás Maldonado, Lidy Prati, José Antonio Fernández Muro, Miguel Ocampo y Hans Aebi. Con el nombre Artistas Modernos de la Argentina se presentaron por primera vez, en junio del mismo año, en la Galería Viau. El texto del catálogo, firmado por Pellegrini, mostraba el entusiasmo de la época por el formalismo o por los "valores visuales".
Luego de varias exposiciones en el país, el grupo se presentó, en 1954, en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro y en el Stedelijk Museum de Ámsterdam. Un año después, con la partida al exterior de varios de sus integrantes, finalizó sus actividades.
En 1956 Grilo participó en la Bienal Internacional de Venecia. No mucho después, junto con José Antonio Fernández Muro (su marido desde 1945) se instaló en París, donde asistió al seminario de Pierre Francastel. Regresó a Buenos Aires y en 1961 participó en el Premio Fundación Torcuato Di Tella, cuya segunda edición se exhibió en el Museo Nacional de Bellas Artes. Poco más tarde, con la beca de la John Simon Guggenheim Foundation, se estableció en Nueva York. En este período expuso en Washington (Obelisk Gallery) y en Nueva York (Bianchini Gallery y Byron Gallery). En 1968 obtuvo el Premio Adquisición de la I Bienal Iberoamericana de Pintura de Medellín, Colombia.
Grilo se radicó con su marido y sus hijos en España en 1970. Dos años más tarde se presentó en la Galería Juana Mordó, de Madrid; la transformación de su estética era notoria. En Nueva York había comenzado una serie con la que abandonaba, según sus palabras, "el puro arreglo «formal-cromático-matérico» totalmente abstracto". Se apropiaba de los graffiti que abundaban en los muros de la ciudad, de las letras tipográficas de los afiches desgarrados, de números y otros trazados espontáneos. Todo en aparente desorden, sobreimpreso, pero siempre con un tono evidentemente refinado. Según Jorge Romero Brest, esta pintura era un desvío "hacia una especie de impresionismo neorrealista con formas ambientales de referencia urbana".